Mis paisanos
- Crónicas colombianas
- Reportajes colombianos
- Personajes colombianos

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0.
Detalles sobre esta monografía
Cómo citar
Alfonso Bonilla Aragón -Bonar-, ha sido uno de los grandes exponentes del llamado periodismo de opinión en Colombia. Una modalidad de periodismo asumida por él a fondo, con franqueza, sin el engaño premeditado de una opinión travestida de información, tan común antes y hoy en la práctica del periodismo. Menos conocido en la actualidad en razón de que éste es un país que tiende a olvidar su pasado (no basta bautizar con su nombre el aeropuerto de su ciudad para que todos sepan quién es el homenajeado), su reputación, para la época en que ejercía su magisterio profesional y para los que todavía tienen algo de memoria de su trabajo, se debía a una conjunción de virtudes de las que sobresalía sin duda la calidad de su escritura. Su carácter liberal, más propio del espíritu que de la doctrina (sin dejar de estar afiliado también a esta última), admitía la diferencia de visiones sobre todos los problemas sociales como algo consubstancial al funcionamiento de la sociedad. Un demócrata, en síntesis.
Este libro fue titulado por él mismo Mis paisanos. Sus paisanos eran, está claro, los desde cierta óptica ideológica más destacados hombres (y una que otra dama, es cierto) de la región vallecaucana, casi siempre puestos en valor por sus relaciones con las figuras de la política nacional o con los grandes acontecimientos sociales que hacían nuestra golpeada república en los años cincuenta y sesenta del siglo anterior. Los políticos en primer lugar, pero también los empresarios, la gran burguesía regional, los intelectuales, los gobernantes, todos ellos casi siempre vistos a la luz no tanto de sus éxitos y aciertos, que él les reconocía generosamente, sino de sus posibilidades frustradas por desgano personal. Pues Bonar criticaba a todos estos paisanos suyos una cierta indolencia, una falta de voracidad frente a lo que ocurría en el país que les llevaba a preferir tomarse un tinto de pie en una esquina de la Plaza de Cayzedo charlando con un limpiabotas que a animar las grandes controversias en los recintos bogotanos donde se escenificaba el poder. En todo caso (y copiando un rasgo de su método, que no alababa sin también criticar), habrá que decir que los paisanos que Bonar consideraba dignos de pertenecer a su catálogo de personalida- des aparecían en éste por una concepción, reconozcámoslo, bastante elitista. Sin embargo, contradictorio consigo mismo como todo librepensador, hay que señalar que, movilizándose en un entorno de grandes señores del poder, de la política y de la economía, era un apasionado hincha del entonces siempre perdedor equipo de fútbol América. Creo que este rasgo lo dice todo. O mejor, este pequeño detalle nos dice que Bonilla Aragón fue un contemporáneo de su tiempo, a diferencia de otros, empecinadamente contemporáneos del pasado
(Cali 1917-1979). Doctor en Leyes y Ciencias Jurídicas de la Universidad del Cauca (1939), ejerció poco la profesión de abogado, pues su gran pasión fue el periodismo. Escribió en casi todos los periódicos de la región como Nuevo Día, La Batalla, El Tiempo, Relator, Occidente, El Expreso y El País y aunque su periodismo era esencialmente político y de opinión fue también corresponsal deportivo del diario El Tiempo. Su labor periodística fue exaltada con el Premio de Periodismo Simón Bolí- var en 1973 por su trabajo sobre los aspectos socioeconómicos del Valle del Cauca en el periódico El País. Lideró numerosas campañas y proyectos a favor de la región y la ciudad como los Juegos Panamericanos, la creación del Museo La Tertulia y la construcción del moderno aeropuerto que lleva su nombre, entre tantos otros. Fue Director de Fenalco-Valle, Secretario Ejecutivo de la Unidad de Acción Vallecaucana, Concejal de Cali y Diputado de la Asamblea del Valle, además de un brillante desempeño diplomático en Quito, Río de Janeiro y Buenos aires. Autor de los libros Valle del Cauca: medio siglo de riquezas (1960), Colombia, país de ciudades (1962), Cali, Ciudad de América (1967), Colombia, el Valle, Cali (1973). Para honrar su memoria fué creado el Premio de Periodismo Alfonso Bonilla Aragón.
